Algunas bicicletas vuelan

“Sólo tu amor, no es suficiente” – repite una y otra vez la canción haciéndome sentir peor con cada estrofa. No tengo por qué seguir todos los consejos que me dan, sobre todo cuando meriendo veneno de serpiente y salgo a la calle enfurecido contra todo aquello que dejó de interesarme tiempo atrás.

No es suficiente…

No suficiente…

Llevo miles de horas buscando tu mirada y no ha sido fácil llegar hasta aquí. Nada funciona porque olvidaste el manual de instrucciones y las páginas que memorizaste invitan a que todo vaya mucho peor y mucho más tiempo mal de lo que crees. Tú estás en casa y yo estoy bailando entre las nubes. Todo se jode alrededor y un sacerdote ha venido a prevenirnos sobre los abismos del alma.

“Sólo tu amor, no es suficiente” – escucho con los oídos envenenados, mientras parece que todos los bares han cerrado sus puertas y yo me miro en el espejo roto de la casa del pequeño barrio en el que una vez viví. Las apariencias engañan tanto como el filo oxidado del cuchillo que marca el resto de nuestras vidas.

No es suficiente.

Farsantes

He oído toda clase de historias, cosa de lugares a los que nunca iré, misteriosas, de mujeres solas, de tipos duros, de animales abandonados, alegres, dramáticas, aburridas, de una chica que vive en un velero, de un tipo que no habla con nadie.., pero, tengo que reconocer que me hubiera gustado averiguar porque a aquel tipo todos le llamaban Boca Chumino. Estoy convencido de que esa era una buena historia…

Nunca le pregunté. No era mi amigo, ni siquiera me caía bien pero, me daba curiosidad saberlo, aunque Boca Chumino fuera un imbécil, el clásico gilipollas que sólo hablaba de sí mismo, que todo lo sabía, que todo lo había hecho ya y que despreciaba (y dejaba que se le notase) a todo el mundo. Supongo que algunos cerebros tienen agujeros y, este, era uno de los casos más graves.

Estuve sin verle un tiempo, yo me movía deprisa y no parábamos en los mismos lugares. Después me enteré que había cogido un tren y no regresó. Puede que haya un lugar al que peregrinan los gilipollas o, tal vez, buscaba oportunidades. Yo creo que era un mamarracho huyendo de un mote estúpido e intentando agarrar todas las cosas que se le caían de las manos.

El universo reducido a unos cristales rotos

Miro por la ventana del hotel y justo debajo veo las luces intermitentes, el neón pretencioso y las chicas. Cuando se abre la puerta, me llega el sonido de la música, risas y casi puedo escuchar el tintineo del hielo en los vasos. El resto del hotel está en silencio, nadie en los pasillos y vacío el vestíbulo.

El garito está instalado frente al hotel, entre una gasolinera y naves industriales. Chicas no muy guapas, clientes no demasiado exigentes, copas, una tragaperras y una máquina de tabaco.. No es lugar para el amor y el que lo busca aquí está loco.

Durante los tres días siguientes

Sé quién eres, me dice antes de dejarme salir con un gesto de su mano. Eres el que tropieza en la oscuridad sin llegar a caer del todo, eres el que saluda desde el extremo más alejado del pasillo con una sonrisa torcida, eres el que se dice mi amigo sin serlo, el que se dice mi amante sin hacerlo, eres la memoria y el sueño, eres la culpa sin redención, eres el insecto molesto, eres parte de mi vida y, al tiempo, ajena a ella.

Yo me detengo en la entrada, miro directamente a sus ojos y sólo respondo: Adiós y buena suerte.

Brigada de demolición

Los ladrillos continúan cayendo y la casa se desmorona. Lo cierto es que todo este comportamiento responde, una vez más, al lento y cansino proceso de desmontaje de una persona… El resuelto e implacable ritmo, la capacidad demostrada de dejar de ser quién eres para convertirte en alguien diferente al que tenías en mente no hace demasiado tiempo. Ahora piensas que te hubiera encantado terminar entero todo el ciclo pero, el amor tiene, habitualmente, dos o tres caras mirando desde el otro lado de la ventana… Y, al final, todos somos enigmas y los corazones están muy cansados.