Los días en los que las plantas no abren sus flores

Eso pensaba el usuario: hoy no estará. Eso creíamos los dos y por lo menos tuvimos algo que nos sujetaba. Una puta red entre todas aquellas agujas brillando amenazadoras.

Tengo una oferta y quiero que me revises el precio. Tiene que ser ahora porque luego será ya tarde. Debes perdonarme, entre tanta gente no puedo ver mucho más allá. No hay opciones que resulten interesantes y puede que esa sea la mejor noticia que escuché hoy.

Los días pasan veloces, las semanas.., con cada estación algo nace, algo muere y nosotros sin sacar aún tiempo para leer las instrucciones. A nadie se le escapa la importancia, pero los meses caen como bolos y parece que lo mejor es que todo se haga mañana.

No nos contaron la verdad. Nadie lo hizo. Parecía que desde detrás de las cortinas llegaba un leve susurro con algunas de las claves pero, lo cierto, es que era sólo el viento. La verdad está bastante escondida hoy día. Al menos, aquello a lo que nosotros llamamos verdad porque somos los mejores mentirosos del mundo.

La risa de los gatos

Un teatro y en el escenario, colgando sobre los actores, centenares de frases que repetir sin descanso. Los disfraces lucen mejor con poca luz. El telón ha caído y las flores han empezado a marchitarse cuando los ojos se llenaron de lágrimas a mitad de la función.

Compro tu risa. Un atraco perfecto ante los ojos del guardia aunque ya no queden motivos para correr detrás nuestro. Los focos se apagan, me escondo en la esquina más oscura del bar con la certeza de que ya nadie leerá nuestros nombres. Entonces, giro con los brazos en cruz dando vueltas y vueltas hasta acabar cayendo.

 

Noches de tormenta

Materia que compone y da forma. Mira la ventana, por ella escapan dispersos nuestros sentidos. Hemos decidido creer que el monstruo es real y el miedo aumenta cada minuto. La lucidez es impensable, un tren que nos dejó atrás y en lo profundo de nuestra garganta quedan muchas palabras sin digerir, atascadas y sin poder salir.

Golpear un muro con la cabeza

– Estaba pensando que mejor te vas un poco a tomar por culo – me dijo.

Y no me extrañó. Acostarme con su amiga es lo que tiene. Lo mires como lo mires. Causa y efecto. Lo que sí me hizo gracia es lo de “un poco”. Esta chica era correcta hasta extremos insospechados. Ni un reniego, ni un cagarse en Dios, ni un tirarme nada a la cabeza.., tan sólo un: “Lucía me ha dicho que te acostaste con ella, ¿es verdad?” Asentí y me mandó “un poco” a tomar por culo con palabras y un “mucho” en realidad. Lo lógico y lo normal, lo que viene a estar resaltado en negrita en el manual de “mi novio me ha puesto los cuernos”. Punto y aparte.

Lo de la susodicha Lucía es otra historia: está muy buena, pero es gilipollas. Ni más ni menos y sin exagerar. Le expliqué que sólo era una noche loca, un aquí te pillo aquí te mato, risas y gemidos y si te he visto no me acuerdo… Pues nada, ella empeñada en que yo me había enamorado y que íbamos a ser muy felices juntos…

– Que no Lucía, que te puedo asegurar que no es amor…

Y ni puto caso. Y decidida a salvarme de mí mismo. E inasequible al desaliento… ¡Y va y se lo cuenta! Una crack, un mear y no echar gota, un desastre de mujer. Así que…

– ¿Me pones otra cerveza?

– 

– Gracias.

Todo lo que guardamos en el cajón

Melancolía, incertidumbre… En las contracciones del alma viven dos seres empeñados en dar instrucciones contrarias. Nos vence el tiempo, siempre el tiempo, y nos vamos hacia el este rotos en distintos pedazos con las armas en la mano y la garganta llena de insultos.

La niebla comienza a disiparse y la brasa de un cigarro derrota brevemente  a la oscuridad en la tachadura de una hoja medio escrita junto a una frase sin pronunciar. Lo que decimos no es lo que hacemos y escapar es la opción más frágil. Sólo puedo imaginar lo que piensas antes de dejar la casa vacía y abandonar los sueños que tuviste dormida. Cruzas la calle, caminas despacio como una leona al acecho y mientras te observo me viene a la cabeza una idea: la misma pala que busca un tesoro es la que cava una tumba.

No dispares a las cabras del zoo

Norte y sur. Nadie obedece y el ángel de las alas rotas vuelve a caer otra vez. Frío. Lamentos. No puedo creer lo que dices. Ni la duda. Ni la tristeza. 

Alguien practica puntería desde las sombras y yo, simplemente, quiero escribir el nombre completo del tirador que latido a latido desoye las súplicas y ríe con amargura, bebiendo la vida en un único trago.

El deseo es una segunda piel en la que los generales sueñan con batallas ganadas y un horizonte cercano. En el infierno aprenderemos  todos a descifrar la oscura tinta de los jeroglíficos, y sólo entonces, nacerán, de raíces negras, plantas de colores llenas de vida para que se las coman las puñeteras cabras del zoo.